Extracto de La Sociedad de Asesinos




Hero liberó una de sus manos y la metió bajo mi blusa para apresar   uno de mis pechos, mis labios volvieron a su boca y me alejé un momento mientras él depositaba una hilera de besos en mi cuello. Gemí. Sí, gemí y me aferré a él frotándome con violencia, y protesté cuando se alejó lentamente y me miró a los ojos.
—Dime qué quieres y lo conseguiré —se giró y mi espalda fue a dar contra el muro apresándome allí, entre sus brazos—dime que necesitas que me quede, y desobedeceré las normas y no me iré de tu lado Sal —lamió mi cuello— tan solo dímelo —gruñó con la voz ronca, se alejó y lo observé notando la honestidad de sus palabras. El deseo. Podía sentir su angustia. ¿Podía él acaso sentir mi necesidad?
—No lo entiendes —gimoteé echando un vistazo a mi habitación.

—Lo asesinaré, lo prometo, y no tendrás por qué tener miedo —. Volví mi mirada hacia él. 
—Voy a matarlo por ti, cariño. Voy a hacerlo sufrir tanto que rogará no haber nacido, haré que me ruegue por la muerte—sus palabras estaban tintadas de furia, aunque sabía que no era para mí sentí la fuerza y el odio de su promesa. 
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